Primera parte: Freud empieza su escrito haciéndonos una analogía entre el aparato mnémico y cualquier pizarra u hoja de papel. Con la salvedad de que el primero sería “invisible”. Nos dice, también, que para que una impresión permanezca en el tiempo nos bastará saber: el lugar en el que quedó fijada, y la certeza de que ha perdurado invariable ante las deformaciones que impone nuestra psique. Es evidente que esa analogía no le es suficiente. Por ende, apela a otro aparato auxiliar, analógico, el concitado Block Maravilloso. Y nos advierte que éste, a diferencia de los otros dos, nos ofrece no sólo una superficie receptora utilizable siempre de nuevo, como la pizarra, sino que conserva la huella permanente de lo escrito, como la hoja de papel. Resuelve el problema de reunir ambas facultades distribuyéndolas entre dos sistemas, pero entrelazados entre sí. Este entrelazamiento es algo que me interesa porque es uno de los nódulos de nuestro recorrido.
Termina diciéndonos: “no nos parece muy aventurado comparar la cubierta compuesta por el celuloide y el papel encerado con el sistema receptor de los estímulos y su dispositivo protector; la lámina de cera, con el sistema inconsciente situado detrás de él, y la aparición y desaparición de lo escrito, con la conducta correspondiente de la conciencia en cuanto a las percepciones”.