“Diría que la coexistencia multitudinaria de mis
congéneres se debate en los claros del presente
viviente. O para decirlo metafóricamente: ya no
consumen su herencia, viven de sus salarios
siempre actuales”.
01. Introducción.
Los procesos de archivación que nos vienen inquietando suelen dejarnos interrogándonos sobre algo muy peculiar: “ninguno de ellos tiene una escena, cualquiera sea, fantasmática o material, sea del pasado o del porvenir, que les sirva de irreductible garantía de estabilidad ante las circunstancias actuales; la estabilidad, el reposo o la sustentabilidad, de hacerse, de lograrse, se irán haciendo, se irán logrando, ¿no?, en gerundio”.
Y esta hipótesis no la hacemos suponiendo que habría faltado algo o que faltó incorporar cierto elemento de una supuesta escena de escritura fundante. No. No decimos que, al no haber una escena irreductible, faltaría algo en la constitución del archivo o de la sujeto. No. Y aclaro esto porque hacerlo implica toda una posición de análisis, o para ser más pertinente, toda una exposición analítica.
Si pensamos estas nuevos procesos lo hacemos advirtiendo que lo que falta no falta por no haber sido asumido en algún momento del desarrollo, sino, por el contrario, que lo que falta aparece faltando ahí, en tiempo actual, “faltando en los límites”, en los límites de nuestra precipitación libidinal. A ese ex-sistir en los límites, a ese irrumpir EN los límites de cada investidura, hace tan sólo unas reuniones atrás lo denominamos acontecimiento, en verdad, relación acontecimental. [Ver pág. 127 de “Papel Máquina. La cinta de máquina de escribir y otras respuestas”, de Jacques Derrida].
Lo que falta, entonces, excede en los límites de cada cuerpo erógeno, e irrumpe en la escena en tiempo actual bajo la nominación de acontecimiento. Tenemos, así, dos elementos subsidiarios y extremadamente diferenciales: “acontecimiento o trauma y libido o investidura como factores concluyentes de la escena o experiencia de escritura”.
02. Abrirse paso de las relaciones acontecimentales
Por consiguiente, advirtiendo que son las relaciones acontecimentales las que abren paso a un nuevo desarrollo, a un nuevo empleo del tiempo en el tiempo, sería importante dejar plasmado qué implican. Como habrán advertido, cuando aquí hablamos de acontecimiento hablamos de trauma, y no de algo que llega previsiblemente a la escena motivado por nuestras propias planificaciones o precipitaciones. Eso irrumpe, se abre paso, y haciéndolo, nos conmueve, nos preocupa, y fundamentalmente, nos ocupa durante un lapso, durante un período, es decir, gana en nuestra vida o en nuestra existencia un tiempo de duración. No repetición, no. Repetición para las formas estáticas. Aquí, Duración. Duración y con-moción. Y cuando digo conmoción, digo, tal como lo menciona Derrida en la cita, relación íntima y existencial con lo que (me) pasa. Duración, entonces, esa es la cuestión.
Y como de la duración de la que les hablo es una duración musical y vibrátil, es decir, temporal, su movimiento, su sonoridad y su tonalidad marcan el “desde allá hasta acá” de las relaciones que nos comprometen, o lo que es lo mismo, la lejanía y proximidad de las relaciones en las que, fundiéndonos, nos fundamos.
La duración es, en este universo tangible e inmaterial, una distancia recorrida, un trayecto realizado, en fin, un movimiento sin base ni destino desde nuestros extraños confines hasta la organización psiconómica de los avatares de sí mismo, en fin, una cinética temporal constituyente.
El corte, de tal suerte, es en función de la duración del movimiento sonoro y, por ende, de su distancia, de lo que puede recorrer, de lo que puede conmover y vibrar, en fin, de lo que puede perdurar: “hasta acá llegué parecería susurrar, en su estertor, el movimiento de impresión”.
03. Relaciones libidinales, acontecimentales y operoperformativas:
Libidinales y acontecimentales sí, ya sabemos de lo que se trata, pero, ¿qué es eso de operoperformatividad? Es la operación que en su quehacer va generando vistas y figuras de lo extraño, es decir, se trata de una operación con efectos performativos en tanto por su accionar se hacen visibles nuevas perceptibilidades. Fenómenos sólo antropotécnicamente desocultados, fenómenos que sólo llegan a la escena del aparecer como derivados de una relación de intimidad con un instrumento técnico, fenómenos que van desde hongos atómicos, núcleos celulares y agujeros negros, hasta proteínas, enzimas, glucosas y carbonos. Estas nuevas impresiones que irrumpen en el escenario del mundo penetran en la percepción humana “como si sólo fueran continuación de lo diáfano de la primera naturaleza diurna con medios más actuales”. Pero decirlo así es poco pertinente. Pues, si bien se accede a ellas a través de la maximización tecnológica de una función perceptual, el aparato high tech no tiene con la función perceptual una relación de exterioridad excluyente sino por el contrario, tanto la función perceptual como la impresión, pasan-a-ser partes de un nuevo montaje: “relaciones operoperformativas en el tiempo de las cuales ninguna de las partes sale ilesa”.
Al respecto, un fragmento de John Cage nos sirve para pensar los efectos de lo que aquí intento denominar como relaciones operoperformativas, es decir, relaciones en el tiempo entre el cuerpo erógeno y la tecnología que generan nuevos montajes y nuevas perceptibilidades. Y nuevas perceptibilidades que son asequibles sólo en función de esa relación técnico libidinal específica, sin ese montaje específico. De hecho, ¿podrían ver un carbono sin microscopio? Veamos, entonces, qué nos dice Cage:
“Donde quiera que estemos lo que oímos más frecuentemente es ruido. Cuando lo ignoramos no molesta. Cuando lo escuchamos lo encontramos fascinante. El sonido de un camión a 50 millas por hora. La estática entre emisoras. La lluvia. Queremos capturar y controlar estos sonidos, y usarlos no como efectos sonoros sino como instrumentos musicales. Todo estudio cinematográfico tiene una biblioteca de “efectos sonoros” grabados en cinta. Con un fonógrafo de cinta ahora es posible controlar la amplitud y la frecuencia de cada uno de estos sonidos y darles ritmo dentro o más allá del alcance de la imaginación. Con cuatro fonógrafos de cinta podemos componer e interpretar un cuarteto para motor de explosión, viento, latido del corazón y corrimiento de tierras: revelamiento de nuevas timbricidades a partir de nuevos umbrales de audición desencadenados por la investidura de nuevos dispositivos high tech de develamiento”.
En suma, relaciones operoperformativas que inventan o desplazan funciones del cuerpo propio al cuerpo proteico. En realidad no es así, no se desplazan del propio a otro, sino del cuerpo propio al nuevo montaje high tech. Y si hablamos de montaje hablamos de montaje erótico, por eso es una erotología. Y si hablamos de diseño high tech hablamos de relaciones operoperformativas, por eso es antropotécnica. Así, nuestra exposición analítica experimental encuentra su sustento en una “erotología antropotécnica”.
La pregunta que nos hace Derrida, “¿No hay algo del mal de archivo que depende de las relaciones con la tecnociencia de estos días?”, es céleremente resuelta tras advertir que ciertas funciones psíquicas, y cuando digo psíquicas digo mnémicas y de archivo, se ven modificadas. Y modificadas ellas, alteradas las operadoras mismas de la construcción de sentido e impresión, no entiendo por qué motivo no se modificarían los constructos mismos de sentido e impresión.
04. Espectros y timbres.
El timbre, o lo que es lo mismo, el espectro, no es más que la efectuación sonora, tonal y duradera de una relación libidinal, acontecimental y operoperformativa en el tiempo. Un espectro, tal como dijimos, depende de una cuantía determinada de armónicos. Podríamos decir que depende de un proceso de armonización si no de organización de múltiples voces- específicas y determinadas por la materia preocupante e inquietante- pero múltiples voces al fin.
Podríamos afirmar, por todo, que un timbre o espectro es la expresión sonora de una polivocidad. Si hay algo que les preocupa, que les conmueve, si hay algo que realmente los llama a pensar, los llama a moverse, justamente, a con-moverse, eso, eso, es lo suficientemente agudo, lo suficientemente grave, en fin, lo suficientemente sonoro como para acceder a sus inquietudes, y por ende, como para sobrevivir al paso del tiempo y como para tener en nuestro devenir una concreción singular y precisa: una espectralidad. Y como no hay espectros que no hablen de sus contextos, aquí, espectralidad sonora y territorialidad inquietante son pares indiscernibles.
El trauma irrumpe, bloque de desconcierto e inquietante extrañeza, exponiéndonos a una situación embarazosa si no angustiante, ocupando en nuestro devenir un tiempo de duración. Al ganar sitio en nosotros, ya entremezclado en nosotros, inyungido, problematiza nuestro curso. De tal suerte, empieza a esbozarse ahí, en esa temporalidad, un espectro de voces y presiones correlativas si no concomitantes.
Por consiguiente, el sinfín de movimientos posibles, movimientos anímicos, humorales, sonoros y tonales, traen consigo una “orientación” probable, una dirección de coordinación de los flujos, ejes y relaciones. El efecto, una espectralidad determinante.
05. Inicio del juego psicopatológico
“…necesidad de convertir el lenguaje reflexivo. Debe girarse no hacia una confirmación interior (hacia una especie de certeza central de donde no pudiera ser desalojado) sino más bien hacia un extremo donde le sea preciso discutirse siempre: llegado al borde de sí mismo, no ve que surja la positividad que lo contradice, sino el vacío en el que va a borrarse” (El pensamiento del Afuera, Michel Foucault).
Si estamos hablando, con el Foucault del Pensamiento del Afuera, que hay una necesidad de convertir el lenguaje reflexivo- en tanto debe girarse no hacia una “confirmación interior” sino hacia una exposición extrema, hacia los extremos de sí si no hacia los límites o umbrales de sí, no podemos más que afirmar que la nueva psicopatología de la vida cotidiana se empieza a disponer hacia una grave levitación, o lo que s lo mismo, hacia una liviandad expositiva.
Aquí, en estas nuevas psicopatologías, la experiencia de diseño e intensificación de sí- es decir, la experiencia de subjetivación- no es si no una experiencia de extralimitación. Aclaro que cuando decimos “extralimitación” no estamos hablando de contravención ni de subversión sino, por el contrario, de un movimiento de presión en nuestros umbrales, de un movimiento de tensión de nuestros límites actuales hasta una hiperintensificación que no nos garantiza conservación e integridad; a eso, siendo rigurosos, lo denominamos: “forma de vida cinética xenopática”.
06. Cuatro rasgos de una nueva forma de vida
· Gerry, una experiencia de acelerado alejamiento de sí
Gerry nunca fue sólo una película. Gerry es un síntoma de época. Cuando decimos Gerry, luego del gran film de Gus van Sant, simultáneamente decimos: “Experiencia de acelerado alejamiento…de sí“.
¿Qué significa ésto? Se trata, en líneas generales, de una experiencia que, al darse en los márgenes de sí, se extiende precipitada e irremisiblemente hacia una incertidumbre de efectos inescrutables. El trayecto recorrido con el vehículo en el comienzo, interminable, espeso y sin referencias, la caminata aleatoria sin posibilidad de retorno y con sólo un buzo de pertrecho, la desidentificación de las marcas que acordaron como coordenadas y referencias, o el escalar una roca sin luego poder bajar de ella, son sólo algunas de las expresiones de “Gerry” que dan cuenta lo que aquí queremos decir.
¿Qué es esto de “extenderse precipitada e irremisiblemente hasta una incertidumbre de efectos inescrutables”? Que la experiencia se inicia con un movimiento veloz de alivianamiento, de suma aligeramiento, que se descarga hasta de los pertrechos mínimos para iniciar un recorrido. Por eso, cuando el movimiento ha adquirido ya una distancia considerable, siendo ya imposibles las posibilidades de continuarlo como las de retornar al estado inicial, ahí, en ese momento ominoso- en ese vacío que es el efecto súbito de la aceleración y del aligeramiento- no hay amarre alguno que pueda servir de corte, de pausa si no de reposo, a esta inquietante extrañeza.
No saben que hacen ahí, ni cómo llegaron, sólo lo hicieron acelerando un movimiento semiótico más proliferante cuanto más semántico: “¿Por qué estoy diciendo esto, qué me habías preguntado?, ¿por qué llegué a este estado analgésico donde siento que ya no siento nada?, ¿qué es todo esto? ¿adónde estoy y cómo mierda llegué hasta aquí?”.
En Gerry, la aceleración hacia un destino, aún indeterminado, se corresponde con el acelerado alejamiento de sí. Y este alejamiento no sucedería porque habría algo que nos determine en cuanto tal, pues, no nos alejamos de algo que se asemeje a una confirmación interior. No. Nos alejamos porque el movimiento es tan eufórico y acelerado- y son tantos los estímulos que goza el mismo- que el retorno se hace imposible.
El único gesto que queda es el de “agarrarse la cabeza”. Y la única pregunta que, con suerte, nos llega es: “¿Y ahora qué?“.
· Ausencia de diseños de desarrollo sostenido
Esto es subsecuente o correlativo al punto anterior. Pues, no hay desarrollo sustentable en tanto y en cuanto la pregunta por la reproducción, por la reproducción de cualquier experiencia, mantenga la mala prensa que la caracteriza. Así, no hay desarrollo sostenido porque no importa la reproducción, porque no importa el seguimiento constante de eso que uno hace, porque reproducir algo que “ya haya ocurrido” implicaría bloquear lo que “va ocurriendo”, esto es, el acontecimiento, o más integralmente, el proceso actual….siempre actual!
Bien, experiencias, procesos e improvisaciones a secas se imponen en nuestra era, era informacional e hiperexpresiva y por ellas lo sostenible, lo reproducible o lo sustentable queda a la zaga de la experiencia que por su radicalidad denominaremos cinético xenopática. Una experiencia siempre actual que no tiene otro amarre que lo que sucede siempre por primera vez. Sin piso y sin destino, una experiencia microépica más que deseable en tanto no garantiza autoconservación.
· Vivencias de vejez prematuras.
Cuando decimos vejez prematura lo decimos metafóricamente, por supuesto. No obstante, como toda metáfora, algo del proceso existencial deja decirse. Para pensar este tipo de experiencias es necesario marcar, en principio, que no existiría sin una condición del tiempo en permanente transformación e hiperexcitación: “Exprésate… expónete….búscate”, repito, son las consignas que profieren Worpress, Yuotube y The Lost respectivamente.
¿Esto qué implica? Que en condiciones veloces de autoalteracion y mutación ocurren tantos acontecimientos con tanta frecuencia e intensidad que tenemos la extraña sensación de haber vivido hace años una situación que no hemos vivido más que hace meses. Un delegado de un call center decía, “trabajar un año en un call es ser un veterano”. ¿Se comprende? Son experiencias de vejez prematuras bien localizadas, fundamentalmente en tanto nos exponemos a muchísimas situaciones que nos exigen una elaboración multitasking en un pequeñísimo lapso de tiempo:
· Dos límites más de lalengua cinético xenopática.
El primer límite es el de esa especie de “Ley de Moore Semiótica” que nos complica la comunicación, el entendimiento o siquiera la conversación. Cada cual con su jerga y, a veces, ni cada cual, ya que está complicado consigo mismo. Lo de la ley de Moore es correlativo a lo que denominamos: “Zoom Semántico”. Por el cual, al momento de iniciar una búsqueda o experimentación, se insiste en la deconstrucción hasta el más ínfimo nivel de detalle, hasta su percepción microfísica si no caótica. Como si a más detalle mayor significación, cuando, en rigor, a cuanto más detalle puede darse, también, una mayor ambiguación.
La proliferación de Jergas ha generado, entonces, un primer ocaso: “Zoom Semántico o Ley de Moore Semiótica que ambiguan la comunicación hasta la saturación o rarefacción”.
Por otra parte, aunque a veces acompañando al primer punto, más que una proliferación semántico semiótica nos encontramos con una dislexia si no afasia que impide toda proliferación sígnica quiérase semiótica o semántica, da igual. Ya no se habla, ya no se puede hablar, ya no se sabe hablar, dudamos de nosotros mismos, dudan sobre el sentido específico de lo que dicen, siente que su enunciado puede ser fácilmente deconstruído porque lo enuncian deconstruyéndolo: “todo el ciberespacio, toda la infósfera parecería yacer en su boca al momento de la enunciación”. Una multiplicación de puntos de vista y de significaciones posibles operan “simultáneamente” en el momento mismo del acto de habla, haciendo del enunciado, del enunciado singular, un enunciado multiforme y esquizomorfo.
0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.